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November 06 Wild Bill HickokSirva esta entrada como homenaje...
Wild Bill HickockJames Butler Hickok (Troy Grove, Illinois 27 de mayo de 1837 - Deadwood, Dakota 2 de agosto de 1876), llamado Wild Bill Hickok. Hijo de William Alonzo y Polly Butler Hickok. Explorador, aventurero, jugador, pistolero y Marshal de los Estados Unidos. James Hickok nació en el seno de una familia bautista que no veía con buenos ojos las aficiones del joven por las armas y las peleas. Aunque hizo lo que pudo por ayudar al mantenimiento de la granja familiar, su padre siempre le vio como un soñador que no dejaba de pensar en el romanticismo del Viejo Oeste estadounidense. En 1855 Hickok comenzó a trabajar como conductor de diligencia, un empleo duro y de mucho riesgo, donde consiguió el sobrenombre de Wild Bill (Bill el Salvaje), defendiéndose de las fieras, los indios y las peleas en las que se metía por propia voluntad. Tras esa etapa, Bill solicitó y obtuvo el puesto de comisario en una pequeña ciudad de Nebraska. Murió asesinado de un disparo en la parte de atrás de la cabeza a manos de un jugador resentido llamado Jack McCall. Según cuenta la leyenda fue asesinado mientras jugaba al Póquer en un salon, justo cuando tenía una doble pareja de ases y ochos. Desde ese momento fue conocida esta jugada como "La Mano del Muerto". November 02 Maltrato y groseríaJavier Marías nunca deja de asombrarme (generalmente por su lucidez) Cuando esta mañana leí esto en El País (útimamente lo compro por Marías, Boyero, Vicent, De Diego y Muñoz Molina, porque el resto deja bastante que desear) no pensé que por la tarde iba a recibir lección tan magistral (y grotesca de alguno de los ejemplos que aquí se esbozan) LA ZONA FANTASMA, 2 de noviembre de 2008 (texto recogido íntegramente de www.javiermarias.es):
Cuando escribo estas líneas, son ya sesenta y una las mujeres muertas por sus maridos o parejas, o por quienes lo fueron, o por quienes aspiraban a convertirse en tales y se vieron rechazados. Nadie acaba de explicarse por qué no sirven de nada, en lo referente a este cómputo siniestro, el endurecimiento de las leyes ni las medidas protectoras ni los aleccionamientos que se sueltan desde la prensa y las televisiones. A mí, sin embargo, no me extraña mucho que en España nada de eso haga mella, y que toda tentativa de hacer menguar el número de esos crímenes resulte más bien inútil, porque lo que no se combate es la grosería general de la gente, que de hecho va en aumento, y que es lo que propicia y alienta los comportamientos violentos. El maltrato a las mujeres no se debe ni puede tomar como algo aislado, sino que es también consecuencia del ambiente general reinante. Todo es paulatino, pero sin duda habrán observado -los de cierta edad, me refiero- un cambio antinatural en nuestras costumbres. Siempre ha habido personas groseras, abusivas, incivilizadas, avasalladoras, ruidosas, chulas, egoístas y desconsideradas, que han ido por el mundo como si sólo existieran ellas. Pero a estas personas, tradicionalmente, se les afeaba la conducta de manera espontánea. A los que cantaban o daban voces energuménicas a las tres de la madrugada se les chistaba; al que tiraba una botella o una bolsa al suelo teniendo cerca una papelera, se le llamaba la atención; al vecino escandaloso se le protestaba; se le paraban los pies a la señora que en una cola se saltaba el turno; al que cometía una infracción con el coche y ponía a otros en peligro, se le señalaba y tal vez se lo abroncaba; no digamos al automovilista que plantaba su vehículo en medio de una calle de carril único y se bajaba a sus recados ocasionando un monumental atasco; a los infrahumanos que se dedicaban a volcar contenedores de basura o a destrozar cajeros y bancos, se los miraba con reprobación como mínimo; incluso se reprochaba a un gañán joven que no cediera su asiento en el autobús a un anciano o a una embarazada. Había unas normas de cortesía -más aún: de educación- que con frecuencia se incumplían, pero se hacía ver al incívico que las estaba quebrando, y por eso seguían siendo normas. Esas normas han saltado por los aires y ya no funcionan como tales, lo cual es el enésimo paso para su sustitución por otras salvajes, hacia las que nos encaminamos o quizá ya hemos llegado. Hoy nadie se atreve a lo que antes era habitual, es decir, a afearle a nadie una conducta. Ya pueden pasarse la noche chillando unos botelloneros, que no habrá un solo vecino insomne que ose abrir la ventana y gritarles que ya está bien y que no hay quien duerma, porque puede recibir botellazos y pedradas. A lo sumo esos vecinos tendrán el "arrojo" de llamar a los municipales, sabedores de que éstos se quedarán cruzados de brazos. Si alguien bloquea con su coche la calle, los que vayan detrás se aguantarán pacientemente y ninguno le rechistará al muy bestia cuando reaparezca, porque se arriesgan a que éste les dé con un martillo en la cabeza, por meticones. Si alguien recrimina a unos descerebrados la destrucción gratuita de algo, es probable que se lleve una paliza o que le metan una cuchillada. Los padres a quienes sus hijos adolescentes sacuden -más bien madres, claro-, se entristecen y se callan. Estas reacciones violentas por parte de quienes no se comportan con respeto han achantado a la población, que agacha la cabeza y se fastidia. Nadie dice nada y todos miran hacia otro lado. Yo mismo dudé hace unos días: un empleado municipal de limpieza (!) estaba meando contra un arco de la Plaza Mayor de Madrid, uno de los lugares más visitados de la ciudad y que, lejos de relucir, está siempre hecho una porquería y convertido en favela, feria y basurero al mismo tiempo. Pero por fin no pude contenerme: "¿Qué, ensuciando para limpiar más luego?", le dije al pasar. Creo que me salvé de una agresión porque el tipo estaba a media faena y no debía de apetecerle una mictio interrupta, pero me llevé un par de insultos leves en lugar de una disculpa. Si al menos el funcionario hubiera contestado, como podía haber ocurrido antaño, "Es que no podía más, usted comprenda" ... Pero eso sólo era posible cuando se tenía conciencia de quebrantar una norma. Ahora el que peor se porta es el que se carga de razón -es un decir- y se pone farruco, y no tolera ni la desaprobación de sus groserías y gamberradas. Demasiada gente tiene interiorizada esta idea: "Hago lo que me da la gana y además tengo derecho". Los policías de este país padecen en general el mismo acobardamiento que los ciudadanos particulares: prefieren cruzarse de acera y no meterse en líos, aunque se les pague (mal) para lo contrario. No sirven de casi nada, en lo cotidiano. En un lugar que cada vez más fomenta el amedrentamiento y beneficia al fuerte (bueno, otro decir, cualquier chincharelo te saca hoy una navaja y te pincha el intestino), no es nada raro que el mismo cabestro que vocifera, petardea con su moto, conduce como un matón o va por la calle a empellones sin que nunca se le diga nada, le dé una tunda a su mujer o a su ex-novia, que será siempre más débil. Que se desengañen las autoridades, empezando por Zapatero, tan justamente preocupado por el asesinato masivo de mujeres: nada mejorará en este capítulo mientras las normas básicas de convivencia permanezcan abolidas. JAVIER MARÍAS El País Semanal, 2 de noviembre de 2008 October 27 El AfiladorEstá regresando a casa Los Suaves, Santa Compaña (1994) October 19 Cómo se llamará esta afecciónSiempre me ha costado mucho entender el patriotismo. Las proclamas del tipo "Amo España" (o Inglaterra, Escocia, Italia, Cataluña o Galicia, lo mismo da) me han sonado falsas y huecas, además de inverosímiles, porque nadie está capacitado para "amar" así, en bloque, un país entero, menos aún una metáfora o un concepto. Uno ama, como mucho, a unas cuantas personas a lo largo de su vida, sin que nos importen su lugar de nacimiento ni la lengua que hablen. Casi siempre se pertenece a un sitio por accidente. A ese sitio nos acostumbramos, sí, y durante un tiempo es nuestro único mundo. En él desarrollamos nuestros primeros afectos: creamos vínculos fuertes con algunas personas y paisajes, adquirimos hábitos que nos son gratos y que hasta pueden llegar a sernos indispensables. Por lo general nos sentimos cómodos, y bastaría con que nos viéramos condenados al exilio -como ha sucedido a tantos españoles a lo largo de la historia- para que echáramos desmedidamente en falta esos paisajes y esos hábitos. La mayoría de la gente vive donde vive porque se encontró allí al nacer y se incorporó a lo que ya estaba en marcha. Se instaló naturalmente y ya no se plantea moverse, a no ser que sienta un profundo descontento o aburrimiento, o sea inquieta y quiera hacer lo que antes se llamaba "conocer mundo", o vea que su lugar no es el adecuado para abrirse camino en su profesión. Pero todo es principalmente una cuestión de costumbre, y el amor tiene poco que ver en ello. Esto es normal y comprensible, y lo es también la probable simpatía hacia un lugar que uno conoce bien y que, a diferencia de la mayoría, no equivale a un mero nombre o a una visita de pocos días. Conoce a sus habitantes o a una parte de ellos, y si el equipo de fútbol de la ciudad gana un partido, se alegra porque piensa que esos habitantes estarán contentos. Uno tiende a compartir las alegrías y penas de quienes le son cercanos. Pero también en la cercanía suele estar lo que uno más detesta, lo que le hace sufrir y la vida imposible. No hay odio mayor que el que tiene destinatario concreto, visible. Como sabemos allí donde se han padecido guerras civiles, es infinitamente más fiero y genuino el odio que se profesa a un individuo al que se ve a diario que el que se nos inculca hacia "los franceses" o "los americanos". Éstos son postizos, abstractos, impostados. Lo mismo sucede con esa clase de amores, y por eso quienes declaran "amar España" no dirían nunca que "aman a los españoles", que sería más propio. Es más, jamás he oído a un español decir semejante cosa, ni a un catalán otro tanto de los catalanes, ni a un vasco de los vascos, porque a la vuelta de la esquina se encontrarían con un ejemplo de lo contrario: "Qué mal me cae ese tipo", "A esa tía es que no la puedo ni ver". También me resulta difícil enorgullecerme de mi tierra porque alguno de mis paisanos descuelle en algo. Si Nadal, Alonso o cualquier deportista español gana un trofeo, no logro sentir que eso me haga mejor en ningún aspecto: no he tenido en ello arte ni parte, y me parecería ridículo -además de demente- exclamar "Somos los mejores en tenis o en automovilismo" cuando jamás he sostenido una raqueta ni un volante. Y aunque sí lo hubiera hecho, no vería qué relación tenía eso con la habilidad o la pericia de unos jóvenes que no me han sido presentados. Si un cineasta español gana un Oscar, o un escritor el Nobel, no me puedo sentir en modo alguno partícipe de su reconocimiento particular, ni siquiera con el de mi gremio, y nada me resulta más patético que los periodistas que dicen "Éste es un triunfo para España", o los galardonados que sueltan "En mí se ha querido distinguir a toda la literatura española". ¿Cómo se me iba a distinguir a mí, por ejemplo, cuando se premió a Cela en Estocolmo, si considero su literatura rancia y de fogueo y estábamos en las antípodas? Sólo comprendo el patriotismo, extrañamente, por la vía negativa, es decir, hay personas y cosas con las que nada tengo que ver y que sin embargo, por ser de mi país, me avergüenzan y logran contaminarme. Los méritos de otros no me contagian ni me ennoblecen, y en cambio las ignominias sí me alcanzan. Hay individuos y hechos con los que por nada del mundo querría que se me asociara. Me avergüenza que mi región la gobierne alguien tan bruto como Esperanza Aguirre, que se gasta millón y medio de euros nuestros en una fiesta cutre suya y destruye el sistema sanitario. Me avergüenza que tengan poder decisorio Ibarretxe y Carod-Rovira, en el País Vasco y Cataluña, respectivamente. Que haya en Valencia un sujeto y Presidente llamado Camps que obliga -imbecilidad suprema- a que en sus escuelas se imparta una clase en supuesto inglés, con traductor a esa lengua incluido, para que ningún chaval entienda nada. Que a Zapatero le entre el pánico cada vez que ve a un obispo y para calmarse lo forre a billetes a cargo del contribuyente. Que nuestro poder judicial conozca sólo el chalaneo. O que las calles de mi país estén llenas de vociferantes unga-ungas que sirven de pretexto para la "protección de los grandes simios" decretada por nuestros congresistas. Me pregunto cómo se llamará esta afección: la incapacidad de enorgullecerse junto a la capacidad de avergonzarse por lo ajeno vecino. No es que me consuele, pero estoy segurísimo de no ser el único español que lo padece. JAVIER MARÍAS El País Semanal, 19 de octubre de 2008 October 14 La llamada de la tierraGarzón se declarará competente para investigar las desapariciones durante la Guerra Civil y el franquismo
El Juez Garzón comentó que tratará de probar que éstas pueden ser consideradas crímenes contra la humanidad... Se calculan en más de 130.000 las personas desaparecidas y enterradas ilegalmente. Comunistas, republicanos, nacionalistas, homosexuales, anarquistas, demócratas... pueden ser restituidos al lugar que les corresponde dentro de la historia reciente de España.
En otro orden de cosas, hace unos días apareció este gran artículo en prensa:
TRIBUNA: JULIO LLAMAZARES La perseverancia de los desaparecidos Los debates políticos muchas veces terminan enconándose y de nada sirven los argumentos racionales. Es entonces cuando acaso sirvan las historias, como ésta, que trata de un maestro de escuela de la República JULIO LLAMAZARES 26/09/2008
Guardo en mi casa de vacaciones -la vieja casa de mi familia- el retrato de un hombre al que no conocí, pero cuya presencia me ha acompañado siempre, al igual que a mis padres y a mis abuelos. Se trata del retrato de un tío mío, maestro de la República, que desapareció en la guerra y al que, mientras vivieron, sus padres y sus hermanos buscaron inútilmente. Tal vez por eso su foto permaneció siempre en el comedor presidiendo las comidas y reuniones familiares y por eso yo la conservo, no en el mismo lugar, pero sí en otro preeminente, después de reformar la casa hace algunos años. La perseverancia de los desaparecidos (tomo la frase de un título del poeta Miguel Suárez que publicó Hiperión) se muestra en esos detalles, pero también en su resistencia a desaparecer del todo, como sucede con las estrellas, que siguen dando luz después de muertas, incluso cuando llevan millones de años apagadas. Y es que los desaparecidos se convierten en fantasmas que continúan viviendo junto a nosotros, por más que no los veamos salvo en las fotografías que conservamos de ellos. La providencia del juez Garzón recabando de todos los archivos la relación de desaparecidos en la Guerra Civil y en la posguerra (para muchos, una continuación de aquélla) en orden a confeccionar la lista completa de sus nombres con el fin de proceder a su rescate -en el caso de que se sepa dónde se encuentran sus restos- o a su búsqueda y reivindicación -en el contrario- me ha hecho recordar a mi tío Ángel y a revivir escenas de mi niñez, cuando mi padre y sus hermanos le buscaban todavía, cosa que no dejaron de hacer, ya digo, mientras vivieron, aunque en los últimos tiempos ya sin ninguna esperanza. Por edad, no alcancé a vivir el dolor de mis abuelos, que se fueron con la pena de morirse sin saber qué había sido de su hijo ni si en verdad les había precedido en su destino, como todo hacía pensar; una pena tan grande que a mi abuela la llevó a experimentar incluso fenómenos de aparición (llegó a ver a su hijo una noche en la cocina y a escuchar su voz varias veces, según me contaron luego) y que se vio agrandada por el acoso que ambos tuvieron que soportar por parte de los guardias y la policía franquistas, que pensaban que mi tío pudiera estar escondido en casa, o en el monte, con los grupos de huidos republicanos que durante muchos años resistieron en la zona. Si cuento todo esto no es, por supuesto, por hacer pública una historia privada y personal, sino por transmitir a quienes se oponen a la búsqueda y reivindicación de los miles de personas desaparecidas en España a lo largo de la guerra y la posguerra el sufrimiento experimentado durante años por sus familias y -algo que les sorprende aún más- la razón de que ese sentimiento perdure en sus descendientes, incluso en aquellos que, como yo, ni siquiera llegamos a conocer a los protagonistas. La experiencia personal, por más que sea limitada, alumbra muchas veces más que todos los análisis teóricos. En el debate que últimamente se está librando en nuestro país sobre la necesidad de la recuperación de la memoria histórica, como se ha dado en llamar, de una manera eufemística, a la búsqueda de los desaparecidos, se han esgrimido por una y otra parte todo tipo de argumentos y razones. Por parte de quienes la rechazan (la derecha, sobre todo, pero también un número no pequeño de personas sin ideología concreta, incluso de la izquierda más pragmática o más muelle), que hay que mirar hacia delante y no hacia atrás, que la guerra ya ocurrió hace más de medio siglo, que el andar escarbando en el pasado puede reabrir heridas, que a los que lo pretenden sólo les mueven el odio y el revanchismo. Por parte de los que la defienden (la recuperación de la memoria histórica), que el olvido no es justicia, sino todo lo contrario, que la memoria es una necesidad vital, aparte de un derecho de todas las personas y los pueblos, que las heridas no se reabren por buscar a los muertos y enterrarlos dignamente, puesto que nunca se llegaron a cerrar (entre otras muchas razones, por la oposición de aquéllos a que pudiera hacerse cuando debía), que el tiempo transcurrido es garantía de que la historia se puede conocer sin gran peligro, que no parece muy coherente que se reivindique a cada momento la memoria de las víctimas de ETA mientras que se les niega lo mismo a las del franquismo o que, en fin, ya es hora de que los desaparecidos afloren de sus limbos y sus tumbas clandestinas y descansen para siempre donde deben, esto es, donde deseen sus familiares, como ocurre en todos los países democráticos. No seré yo, aunque podría hacerlo sin duda alguna, el que añada más razones y argumentos al debate (en mi caso, por supuesto, a favor de los que quieren y reclaman la verdad), entre otras cosas porque por experiencia sé que, en los debates políticos, y éste lo es, nadie convence a nadie de nada racionalmente. Me limito, por ello, a contar mi historia, como comencé este artículo, por si con ella logro ablandar la sensibilidad de alguno de esos que, insolidariamente o por conveniencia, se resisten a que otros conozcamos qué ocurrió con nuestros familiares o vecinos y podamos, llegado el caso, darles la paz que nunca tuvieron. Cuando estudiaba bachillerato, en una clase de religión, entonces obligatoria como determinada gente pretende volver a hacer (se ve que no confían demasiado en sus ideas), recuerdo que el profesor, un cura, lógicamente, nos explicó las razones morales por las que el robo era considerado un pecado por la religión católica. De todas las esgrimidas, que eran bastantes, hubo una que aún recuerdo, pues me llamó la atención poderosamente en aquel momento. Era aquella que decía que "las cosas claman por su dueño" y no dejan de hacerlo hasta que se le restituyen. Imaginaba yo entonces un sordo rumor de ambiente producido por todos los objetos que, robados, permanecían en manos de los ladrones y cómo éste debía de delatarlos, así como la paz que los propios objetos habrían de sentir cuando por fin eran devueltos a sus legítimos dueños. Como si los objetos tuvieran alma y sufrieran igual que las personas. Yo no sé si la religión católica sigue alentando esa presunción, tan literaria por otra parte, para condenar el robo (y para sacralizar, de paso, la necesidad de la restitución de lo robado, condición imprescindible para el perdón del pecador), pero la he recordado muchas veces para explicarme a mí mismo la razón de que hechos sucedidos hace décadas continúen planeando sobre mí y, por lo que puedo ver, sobre muchos otros compatriotas. Que 70 años después de acabada la guerra y comenzada la posguerra, con todo lo que ha ocurrido desde esas fechas, mucha gente continúe reclamando conocer el paradero de sus desaparecidos no indica más, aparte de que, contra lo que muchos quieren, las heridas siguen abiertas, que aquellos siguen clamando en nuestras conciencias y que lo hacen con perseverancia. Sólo así puede explicarse que, después de tantos años de silencio, de olvido institucional, de persecución incluso de su memoria, y después de muertos ya la mayoría de los que los conocieron, su recuerdo y sus nombres sigan vigentes y que haya gente que continúe buscándolos. De la misma manera que sólo así se explica la perseverancia de ésta, hijos y nietos de los desaparecidos muchas veces, que, aunque no llegaron a conocerlos, crecieron, como yo, viendo sus fotos y oyendo a sus padres y a sus abuelos hablar de ellos como si siguieran vivos. No lo están (el tiempo transcurrido ya ha dejado lugar a la verdad), pero tampoco están muertos, o no lo están del todo, pues su recuerdo sigue turbándonos. ¿Cómo entender, si no, que haya gente que siga todavía buscando el paradero de personas de las que no posee ninguna pista o que las fotos de éstas permanezcan en sus sitios, como la de mi tío Ángel, al revés que las de los muertos, que desaparecen de nuestras vidas a medida que el tiempo va transcurriendo? Personalmente a mí nadie me pidió que la conservara, ni que estuviera atento a cualquier noticia que sobre mi tío pudiera aparecer, pero lo hice y lo sigo haciendo, y ello a pesar de que ya no vive nadie de cuantos lo conocieron de mi familia. El recuerdo de mi padre buscándolo inútilmente y el conocimiento del sufrimiento de mis abuelos es motivo suficiente para hacerlo. Eso y la perseverancia de mi tío Ángel, aquel maestro que llevaba a los niños a lavarse antes de empezar la escuela y que soñaba con un mundo más justo y cuya foto me espera cada verano en la casa en la que nació. Julio Llamazares es escritor
October 09 Siempre IgualOcho de la mañana
suena el despertador te levantas de cama eso es lo peor te arrastras al lavabo la cabeza te estalla tomaste demasiado ayer de madrugada. Agua fría alka-selzer café negro sin afeitar el calcetín no aparece y además es muy tarde ya al final lo encuentras debajo de la cama por fin sales a la calle maldiciendo la mañana. La vida te sonrie hace frio y llovizna también sonrie tu jefe alla arriba en la oficina "¿Qué ha pasado Rodriguez? llega usted tarde otra vez si se vuelve a repetir voy a dar cuenta de usted". Callas y sin decir nada comienzas a teclear así toda la mañana hasta las dos siempre igual diez años esperando que te toque una quiniela para escapar de esa vida para escapar como sea. Vuelta otra vez al trabajo así pasas la tarde entera como son muy generosos sales a las ocho y media, sigue lloviendo en la calle pasa una "tía" y la miras ella no te hace ni caso sigues andando y la olvidas. Regresas de nuevo a casa siempre sucia nadie te espera la cena es congelada no hay ninguna sorpresa no puedes resistir más la vida te ha traicionado dime donde estan tus sueños amigo, dime donde han quedado. Te acercas al armario tu amigo "Dyc" allí espera destapas la botella y vuelta otra vez a la rueda. Otra vez a empezar siempre la misma historia cada día siempre igual. Los Suaves October 07 Woody y yo (Para los "Allenianos")October 05 Dudas
"Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades... ¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero, le repito, a nosotros no nos dan miedo las ruinas porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones... ese mundo está creciendo en este instante"
¿Lo llevamos? September 29 ¡Desnudos!
ALMUDENA GRANDES
¡Desnudos!
Ahora, mientras los apóstoles del libre mercado descubren la importancia de un Estado fuerte, capaz de intervenir para proteger su economía nacional, cuando Sarkozy pretende refundar el capitalismo y escucho por doquier que nunca nada volverá a ser como antes, evoco una historia muy antigua. Charlie Dickens era un niño, pero su padre le habló como a un adulto ante la puerta de la cárcel a la que sus deudas le habían llevado. La diferencia entre un hombre feliz y uno desgraciado, le dijo, es que, si ambos ganan diez libras, el primero gasta nueve, y el segundo gasta once. La economía mundial entra en una etapa distinta y todo a nuestro alrededor es nuevo, desconocido. Eso dicen los expertos y, sin embargo, las noticias de hoy mismo son tan viejas que apenas parecen noticias. ¿A alguien le sorprende que Gallardón se endeudara de tal manera con la M-30 que haya tenido que paralizar las obras que tenía previstas? ¿Nos sorprende que la burbuja inmobiliaria haya explotado, que la gente a la que los bancos concedieron hipotecas que representaban un 70% de sus ingresos no pueda pagarlas, que la desaforada especulación que hizo circular una inmensa cantidad de dinero teórico, virtual, inexistente, no haya podido soportar la constatación de que, en la realidad de los billetes impresos, nunca existió tanto dinero? ¿O es que acaso las crisis especulativas de los ricos no las ha pagado siempre el hambre de los pobres? Para entender eso, no hace falta ningún máster en economía, y eso es lo único verdaderamente nuevo de esta situación. Los magos de las finanzas, los millonarios de 20 años, los grandes gurús de la posmodernidad, a los que nos han enseñado a reverenciar, a admirar, a adorar desde nuestra ignorancia, están hoy tan desnudos como el emperador del cuento de Andersen. Ya va siendo hora de empezar a decirlo. Artículo en El País, 29/IX/08 September 19 Da Vergüenza (Benedetti)Esta mañana, leyendo el libreto de un grupo de música muy bueno, me he encontrado con una referencia a este poema de Benedetti, que tenía ganas de poner, así pues, aquí queda. Han pasado más de 40 años desde que salió a la luz, pero sigue, pienso, con plena validez.
MARIO BENEDETTI - CONSTERNADOS, RABIOSOS
Vámonos, derrotando afrentas ERNESTO CHE GUEVARA Así estamos consternados rabiosos aunque esta muerte sea uno de los absurdos previsibles da vergüenza mirar los cuadros los sillones las alfombras sacar una botella del refrigerador teclear las tres letras mundiales de tu nombre en la rígida máquina que nunca nunca estuvo con la cinta tan pálida vergüenza tener frío y arrimarse a la estufa como siempre tener hambre y comer esa cosa tan simple abrir el tocadiscos y escuchar en silencio sobre todo si es un cuarteto de Mozart da vergüenza el confort y el asma da vergüenza cuando tú comandante estás cayendo ametrallado fabuloso nítido eres nuestra conciencia acribillada dicen que te quemaron con qué fuego van a quemar las buenas buenas nuevas la irascible ternura que trajiste y llevaste con tu tos con tu barro dicen que incineraron toda tu vocación menos un dedo basta para mostrarnos el camino para acusar al monstruo y sus tizones para apretar de nuevo los gatillos así estamos consternados rabiosos claro que con el tiempo la plomiza consternación se nos ira pasando la rabia quedará se hará más limpia estás muerto estás vivo estás cayendo estás nube estás lluvia estás estrella donde estés si es que estás si estás llegando aprovecha por fin a respirar tranquilo a llenarte de cielo los pulmones donde estés si es que estás si estás llegando será una pena que no exista Dios pero habrá otros claro que habrá otros dignos de recibirte comandante. Montevideo, octubre de 1967 September 16 Ganas de...Ganas de.. (fragmento)
Y la mentira vale más que la verdad
y la verdad es un castillo de arena y por las autopistas de la libertad nadie se atreve a conducir sin cadenas. Joaquín Sabina. Esta boca es mía (1994) August 24 DUBLINESES (III)No llueve, son las seis de la mañana, llevamos una hora despiertos y
caminamos por las calles de un Dublín donde los más madrugadores y los
más trasnochadores no se confunden (principalmente porque los segundos
andan dando giros). Vamos a la estación de autobuses. A las 9.30 llegamos a nuestro destino, Belfast. El objetivo es ver cuantos más murales mejor,vamos pertrechados con unos mapas y la cámara. Los murales van pasando, y el cansancio se nota tras más de dos horas callejeando por aquí. Todavía quedan muchos. Llegamos a un cementerio y entramos para ver las tumbas y cambiar el chip un rato. Empieza a llover. Salimos del cementerio dispuestos a aguantar el chaparrón y seguir viendo murales, pero 7 u 8 más tarde no arrecia y estamos ya hechos una sopa. Lo dejamos y volvemos en bus al centro. Ha estado bien, habremos visto una tercera parte de todos los murales republicanos, aunque los unionistas (segundo objetivo del día) se han quedado para otra ocasión. DUBLINESES (III) No llueve, son las seis de la mañana, llevamos una hora despiertos y caminamos por las calles de un Dublín donde los más madrugadores y los más trasnochadores no se confunden (principalmente porque los segundos andan dando giros). Vamos a la estación de autobuses. A las 9.30 llegamos a nuestro destino, Belfast. El objetivo es ver cuantos más murales mejor,vamos pertrechados con unos mapas y la cámara. Los murales van pasando, y el cansancio se nota tras más de dos horas callejeando por aquí. Todavía quedan muchos. Llegamos a un cementerio y entramos para ver las tumbas y cambiar el chip un rato. Empieza a llover. Salimos del cementerio dispuestos a aguantar el chaparrón y seguir viendo murales, pero 7 u 8 más tarde no arrecia y estamos ya hechos una sopa. Lo dejamos y volvemos en bus al centro. Ha estado bien, habremos visto una tercera parte de todos los murales republicanos, aunque los unionistas (segundo objetivo del día) se han quedado para otra ocasión. August 21 DUBLINESES (II)Creo que es el primer día que no llueve tras casi dos semanas en Dublín...Día especial: sesión de cine, cena fuera (con un "Irish Breakfast" a las 9 de la noche) y paseo (literal, unos 40 minutos) hasta casa. Pasamos por Temple Bar (la zona más turística de la ciudad, un bodrio) y está hasta las cejas de turistas y música embotellada. Enfilando por la Plaza oímos un violín, una guitarra y mucha gente en mitad de la calle, hay un grupo bastante bueno tocando. Nos sentamos en el suelo a oirlo, y a disfrutar con las virguerías del del violín, una niña se anima y se pone a bailar, hay palmas y un ambiente bastante bueno... este sí es un Dublín más auténtico. August 13 DUBLINESES (I)Perdido en mitad de Dublín leo que hay una exposición en el Instituto Cervantes sobre carteles de la Guerra Civil Española. Voy a verla y resulta ser una exposición itinerante que la FundaciónPablo Iglesias lleva haciendo varios años y que no había visto. Es emotivo recordar que miles de personas, en este país lleno hoy de Zaras y Starbucks, dieron su vida por unos ideales que hoy vergonzosamente hemos olvidado. Salgo y llueve, caminata bajo la lluvia hasta casa... June 19 El todo y la nadaHoy la ciudad está sitiada, realmente, la vida entera está sitiada. Hoy casi todo aparece invadido por la publicidad. En todos los lugares se nos quiere camelar con algo. No puedes pasear por la calle sin encontrártela. Para mí es difícil ignorarla, no mirarla, fijarme en lo poco que se salva de su empuje incontrolable. Eso que me he criado en un lugar con muy pocos anuncios, no quiero ni pensar en las generaciones venideras, expuestas desde niños a una amalgama de mensajes para que compren algo. Tradicionalmente los comercios de los municipios no tenían carteles del negocio al que se dedicaban. No hacía falta, todo el mundo lo sabía. Hoy todo corre, todo cambia, por lo que es necesario mantener “al día” al peatón, no sea que se le ocurra “necesitar algo” de repente y no sepa donde encontrarlo. Hasta los pueblos han cambiado. Siguen y siguen los anuncios, en las calles, de mil formas y colores, deslumbrándome en los ojos esta noche; en los teléfonos, los periódicos, las bolsas de la compra... en los lugares más insospechados, donde pueden cogerte por sorpresa y hacerte “necesitar algo”. El problema (he aquí la paradoja) es que aquello que necesitas realmente no lo puede ofrecer la publicidad. La felicidad plastificada, estandarizada y enlatada que ofrece sabe a sucedáneo de vida, como el sucedáneo de todo de la novela 1984. Lo único que genera la venta indiscriminada de felicidad en cómodos plazos es una espiral de necesidades inducidas, inútiles y esclavizantes, que dejan de formar ciudadanos para crear productores/consumidores, peligroso binomio que nos aleja de la vida y nos lanza a una carnicería brutal de desajenado consumo orgiástico (tonto el último, o el que no pueda...) El otro día leí que una universidad se anunciaba como “La universidad de las empresas”, de los gilipollas, diría yo. Lo peor de todo es que mientras tanto la gente llora, duerme y sufre por las calles y en sus casas, en el trabajo y en el psicólogo, se aleja de la vida real y es incapaz de pensar en una alternativa, tan fáciles son casi siempre. Sigo paseando, la publicidad sigue ahí, salvo en unas pocas calles. Mejor mirar el cielo sin estrellas de Madrid.
—Es curioso —musitó el director, cuando se apartaron del lugar—, es curioso pensar que hasta en los tiempos de Nuestro Ford la mayoría de los juegos se jugaban sin más aparatos que una o dos pelotas, unos pocos palos y a veces una red. Imaginen la locura que representa permitir que la gente se entregue a juegos complicados que en nada aumentan el consumo. Pura locura. Actualmente los Interventores no aprueban ningún nuevo juego, a menos que pueda demostrarse que exige cuando menos tantos aparatos como el más complicado de los juegos ya existentes. —Se interrumpió espontáneamente—. He aquí un grupito encantador —dijo, señalando.
Aldous Huxley- Un mundo feliz.
June 08 Es sólo una canciónAMARAL- ES SÓLO UNA CANCIÓN (2008) Con la mirada de sorpresa
que ponía Charlot yo alucinaba con la televisión que pena… Con el deseo irrefrenable
de que todo latiera y como un gato subido en la azotea. Por los tejados del “marik”
y se escapaba a New York los pararrayos no sirven cuando hay tormenta, dentro de mi cabeza. De tanto reír
no puedo ni hablar de tantas cosas que te quiero contar que hace un millar nos vemos en la Via Láctea Es solo una cancion
para calmar mi corazón lo que yo siento lo que yo quiero Es solo rock and roll para calmar mi corazón lo que yo quiero lo que yo siento Tumbados los dos
sobre el sillón baja el volumen de la televisión que pena pena penita pena Si solo salen paparazzis
sin conciencia, y el matador acaba la faena con sangre sobre la arena No quiero entender
por que hay que matar a veces siento que soy ese animal mejor sería fugarnos a una isla desierta Es solo una canción para calmar mi corazón lo que yo tengo lo que yo quiero Es solo una canción para calmar mi corazón lo que yo quiero lo que yo siento Es solo una canción
es solo una canción Es solo una canción
es solo una canción Es solo una canción
para calmar mi corazón lo que yo siento lo que yo quiero Es solo rock and roll para calmar mi corazón lo que yo tengo lo que yo siento Es solo una canción es solo una canción |
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